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Complejidad en acción
Complejidad en acción
Capítulo 4

La administración en entornos complejos: Gestión, caos y adaptación

Claudia Berra Barona Universidad Autónoma de Baja California ROR https://orcid.org/0000-0002-9069-4012 Yirandy Josué Rodríguez León Universidad Autónoma de Baja California ROR https://orcid.org/0000-0002-6640-5364 Ivonne Jacqueline Cruz Universidad Autónoma de Baja California ROR https://orcid.org/0000-0001-9382-4719
2026
pp. 73-83
DOI

Citar capítulo

Salgado Soto, M. del C. et al. (coords.) (2026). Complejidad en acción: una guía para el futuro profesional. Comunicación Científica. México. https://doi.org/10.52501/cc.395

Berra Barona, Claudia, et al.. "La administración en entornos complejos: Gestión, caos y adaptación". Complejidad en acción, editado por María del Consuelo Salgado Soto, et al., Comunicación Científica, 2026, pp. 73-83.

Berra Barona, Claudia, et al.. "La administración en entornos complejos: Gestión, caos y adaptación". En Complejidad en acción, editado por María del Consuelo Salgado Soto, et al., 73-83. México: Comunicación Científica, 2026.

Resumen

Actualmente, las organizaciones no pueden entenderse como máquinas rígidas en las que cada parte funciona de manera aislada, sino todo lo contrario, se parecen más a sistemas vivos: abiertos, cambiantes e interdependientes. De acuerdo con Byrne (1998), su comportamiento no se explica únicamente sumando las acciones de cada área, sino observando cómo interactúan entre sí. Esta visión debate a los modelos tradicionales basados en jerarquías estrictas y control absoluto, propios del taylorismo, donde lo más importante era la eficiencia y la previsibilidad. En un mundo globalizado y digital, las organizaciones interactúan con múltiples actores y factores al mismo tiempo, lo cual genera resultados no planeados que no se pueden prever con modelos lineales. Es ahí donde surge la teoría de la complejidad, la cual propone ver a las organizaciones como sistemas adaptativos complejos (Axelrod y Cohen, 2000; Mowles, 2015). Bajo esta perspectiva, estos sistemas se caracterizan por su capacidad de aprender, reorganizarse y evolucionar constantemente. En este marco, el liderazgo deja de ser una figura de control y pasa a ser un facilitador que impulsa el aprendizaje, la innovación y la autonomía de los equipos, por tanto, la incertidumbre deja de ser vista como una amenaza y se reconoce como parte natural del proceso. La teoría del caos aporta otra perspectiva: señala que los sistemas son muy sensibles a sus condiciones iniciales y que pequeños cambios pueden tener grandes repercusiones, lo que se conoce como “efecto mariposa” (Lorenz, 1963). Aunque a primera vista el entorno parezca caótico, suelen aparecer patrones que ayudan a orientar las decisiones. Por ello, la gestión no puede basarse en un control rígido, sino en decisiones flexibles, experimentales y ajustables. De estas ideas surgen varias recomendaciones: fomentar la experimentación, promover la diversidad, descentralizar la toma de decisiones, fortalecer la resiliencia, y coordinar con base en valores compartidos. Ejemplos como Netflix y Toyota nos muestran cómo estas prácticas permiten adaptarse a los cambios, innovar de manera constante y mantener una ventaja competitiva en entornos inciertos.

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