Jorge Alberto Álverez Díaz (2026). Posdoctor en Ciencias Sociosanitarias y Humanidades Médicas (Bioética), por la Universidad Complutense de Madrid. Comunicación Científica. México. https://doi.org/10.52501/cc390
Díaz Galván, Karla Ximena. "Neurociencias y conducta violenta". Temas de bioética en diálogo con la legislación, editado por Jorge Alberto Álvarez Díaz, Comunicación Científica, 2026, pp. 99-113.
Díaz Galván, Karla Ximena. "Neurociencias y conducta violenta". En Temas de bioética en diálogo con la legislación, editado por Jorge Alberto Álvarez Díaz, 99-113. México: Comunicación Científica, 2026.
En el capítulo titulado “Neurociencias y conducta violenta” se analiza la violencia como un fenómeno complejo y multifactorial, reconocido actualmente como un problema de salud pública por sus amplias consecuencias físicas, psicológicas y sociales. Desde una perspectiva interdisciplinaria, se integran aportes de la psicología y las neurociencias para explicar los factores que incrementan el riesgo de conductas violentas, destacando la interacción dinámica entre variables biológicas, psicológicas y ambientales. En el ámbito neurobiológico, se han identificado alteraciones en estructuras cerebrales, particularmente en la corteza prefrontal, asociadas con deficiencias en funciones ejecutivas como la inhibición, la toma de decisiones y la regulación emocional. Estas alteraciones, junto con disfunciones en circuitos que involucran la amígdala y la corteza orbitofrontal, pueden reducir los mecanismos de control conductual y facilitar respuestas impulsivas, como la violencia. Asimismo, se resalta el papel de emociones como el enojo, la ira y el miedo, moduladas por la presencia o ausencia de emociones prosociales como la empatía. El texto también enfatiza la influencia de factores ambientales y culturales, señalando que experiencias adversas tempranas, como el abuso, pueden incidir en la expresión genética mediante mecanismos epigenéticos, incrementando la vulnerabilidad a conductas antisociales. No obstante, se rechaza una visión determinista, subrayando la naturaleza bidireccional de estos procesos. Finalmente, se concluye que la prevención de la violencia debe centrarse en intervenciones tempranas y en la transformación del entorno social y cultural, promoviendo habilidades emocionales y valores prosociales.