Capítulo 1. Consumo de alcohol y violencia de pareja en jóvenes universitarios [Alcohol Consumption and Intimate Partner Violence in Young University Students]
Dimensions
Capítulo 1. Consumo de alcohol y violencia de pareja en jóvenes universitarios
[Alcohol Consumption and Intimate Partner Violence in Young University Students]
Valeria Janeth Mata-Castillo1
Danya Marlenne Ortiz-Castillo2
Nancy Griselda Pérez-Briones3
Irma Fabiola Covarrubias-Solís4
Karina Isabel Casco-Gallardo5
Resumen
Introducción: El consumo de alcohol es un factor de riesgo para numerosas causas de morbimortalidad y otros hechos sociales, dentro de los cuales se encuentran episodios de violencia en la pareja, en la cual los efectos más evidentes son los daños físicos. No obstante, el consumo de alcohol tiene implicancias, además, en la salud psicológica de la persona violentada, en la de otros miembros de la familia y en la del entorno social. Objetivo: determinar la relación entre el consumo de alcohol y la violencia de pareja en jóvenes universitarios, que acuden la plaza pública de la ciudad de Saltillo, Coahuila. Metodología: El diseño del estudio fue descriptivo correlacional. Se realizó un muestreo de tipo no probabilístico con selección por conveniencia. El tamaño de la muestra fue de 120 jóvenes universitarios entre 18 y 26 años que acudían a una plaza pública de la ciudad. La medición de las variables de estudio se realizó mediante los siguientes instrumentos: una cédula de datos; la prueba de identificación de trastornos relacionados con el consumo de alcohol (audit), y el cuestionario de maltrato en el noviazgo (cmn). Para el análisis de datos se aplicó la estadística descriptiva, la prueba de normalidad de Kolmogórov-Smirnov y el modelo de correlación de Spearman. Resultados: Se encontró que el 51.7% son mujeres, de las cuales el 34.16% refiere síntoma de dependencia al consumo de alcohol, así como ser quienes más sufren violencia de pareja (30.83%). Situación que no exime a los hombres, siendo quienes sufren las primeras señales de violencia de pareja (18.33%), pues cabe señalar que las mujeres son quienes se comportan de manera violenta al consumir alcohol (29.16%). Asimismo, los resultados muestran una significancia estadística de p = .001 entre las variables de estudio. Conclusión: El consumo de alcohol tiene una influencia significativa con algunas manifestaciones de violencia. Los sujetos de estudio mencionan haber experimentado al menos un episodio de violencia de pareja. Por lo tanto, se deben implementar acciones preventivas para reducir el consumo de alcohol, así como apoyo psicológico a los jóvenes para la orientación y prevención de violencia, evitando ser víctima y victimario.
Palabras clave: consumo de bebidas alcohólicas, violencia de pareja, adolescentes, adulto joven.
Introducción
A nivel mundial, de manera anual se producen 3 millones de muertes a consecuencia del consumo nocivo de alcohol, lo que representa un 5.3% de todas las defunciones. En lo que se refiere a América Latina, el primer lugar de consumo de alcohol lo ocupa Chile, con 9.6 litros per cápita. Mientras que México ocupa el décimo lugar con un consumo de 7.2 litros per cápita (Organización Mundial de la Salud [oms], 2018).
En relación con lo anterior, el Centro de Ayuda al Alcohólico y sus Familiares (caaf) del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la notas Muñiz, de la Secretaría de Salud, menciona que el 63% de la población son adolescentes y jóvenes de entre 12 y 24 años. De los cuales, el 29.4% refiere haber iniciado su consumo de alcohol por curiosidad; el 13.5%, por invitación de amigos; el 12.4%, por experimentación; el 10%, por problemas familiares; el 9.4%, por la influencia de amigos; el 4.1% , por querer ser aceptado en un grupo; el 2.9%, por la invitación de familiares, y el 2.4% por problemas asociados a la depresión (Secretaría de Salud, 2016).
De la misma manera, la transición a la universidad es un momento único para la experimentación con el alcohol para la mayoría de los jóvenes adultos. La mayor parte de los adolescentes consumen alcohol antes de que sea legal (McCarty et al., 2004). Las investigaciones han demostrado sistemáticamente que la transición a la universidad y los años universitarios representan las tasas de consumo de alcohol más altas de la vida (Johnston et al., 2007)
Por otro lado, se estima que el consumo nocivo de alcohol es un problema de salud pública, debido a que los costos personales y sociales asociados con una manera de beber problemática son considerables, tanto en términos de morbilidad como de mortalidad. Asimismo, dentro de los principales problemas asociados se encuentra, principalmente, la violencia de pareja que puede llegar hasta la muerte, lesiones autoinfligidas y diversas enfermedades (Fundación de Investigaciones Sociales A.C. [fisac], 2018). Del mismo modo, el análisis de esta relación se ha hecho, sobre todo, desde la perspectiva de quien agrede. Sin embargo, se reconoce que los patrones de consumo de alcohol en la víctima son también un factor de riesgo relevante en este tipo de violencia, y que el riesgo de agresión en la pareja pareciera ser mayor en relaciones donde uno o ambos miembros de la pareja presentan problemas con el alcohol (Toledo et al., 2015).
Ahora bien, se ha identificado que la violencia de pareja es un problema complejo y multifactorial, influido por diversas características de la persona que agrede, de la persona que es víctima y del contexto cultural, social y familiar. No obstante, pese a que es multifactorial, se han realizado estudios de investigación en donde existe mayor relación con el estatus socioeconómico, con el consumo de alcohol y con otras sustancias, así como con el haber recibido violencia durante la infancia (Redondo y Graña, 2015).
Según cifras de la oms, tres de cada 10 jóvenes denuncian que sufren violencia de pareja, incluyendo violencia física (13 a 61%), violencia sexual (6% a 59) y violencia emocional (20% a 75%) (oms y Organización Panamericana de la Salud [ops], 2015). De la misma manera, una revisión de la investigación sobre la violencia en el noviazgo entre los estudiantes universitarios encontró que el 20-30% de las parejas experimentan agresión física; el 70-90% experimentan agresión psicológica, y el 3-20% experimentan agresión sexual cada año. Asimismo, las estimaciones varían según el género, el año de estudios y otros factores, como las metodologías utilizadas y las definiciones empleadas (Shorey et al., 2011b).
Además, varios estudios señalan una relación entre la edad y la victimización sexual, siendo los estudiantes más jóvenes los más propensos a ser victimizados sexualmente, que los estudiantes mayores (Kimble et al., 2008; Mohler-Kuo et al., 2004; Smith et al., 2003). Estos hallazgos sugieren que los estudiantes universitarios corren un mayor riesgo de violencia de pareja, lo que hace que el estudio de este grupo de edad sea especialmente importante.
Las pruebas indican que el consumo de alcohol aumenta la frecuencia y la gravedad de los episodios de violencia de pareja. Por lo tanto, se han realizado estudios de investigación para corroborar la hipótesis sobre que el alcohol sea la causa directa de este tipo de violencia, apoyándose para ello en la existencia de otros factores (como el bajo nivel socioeconómico o la personalidad impulsiva), que pudieran explicar la asociación de ambas variables, o bien apoyándose en que el consumo nocivo de alcohol pueda generar una relación de pareja infeliz y llena de problemas, lo que conlleva al aumento del conflicto y la violencia (oms y ops, 2016).
Se ha comprobado que el consumo de alcohol, previo a la agresión, está asociado a las victimizaciones clasificadas como graves (Testa y Parks, 1996; Ullman et al., 1999), y el consumo general de alcohol o el consumo problemático se ha asociado con un mayor riesgo de victimización y una mayor gravedad de la victimización (Chen y White, 2004; Salom et al., 2015; Testa y Parks, 1996; Ullman et al., 1999; Ullman y Knight, 1993; Waller et al., 2012). Se ha encontrado que los problemas de alcohol están asociados con la victimización psicológica-verbal, tanto en hombres como en mujeres (Roudsari et al., 2009; Salom et al., 2015; Shorey et al., 2011a), y con la victimización sexual en el caso de las mujeres (Shorey et al., 2011a).
En conjunto, los estudios muestran que el alcohol es un sólido predictor de la agresión y la victimización, con diferencias evidentes por tipo de violencia, por la gravedad de la victimización y por el género. En México, la situación no es diferente: 73% de los mexicanos entre 15 y 24 años, con relación de pareja, ha sido víctima de agresiones psicológicas; 15%, de violencia física, y 12% ha vivido al menos una experiencia de ataque sexual. Las entidades con las prevalencias más altas son: Estado de México, Ciudad de México, Aguascalientes, Jalisco y Oaxaca. Asimismo, el 8.0% de los agredidos ha pensado en suicidarse y el 3.4% lo ha intentado. De igual manera, el 64.3% manifiesta tener consecuencias emocionales como tristeza o depresión, angustia o miedo y problemas alimenticios, a causa de haber sufrido violencia física y/o sexual ejercida por su pareja (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [inegi], 2017).
Las consecuencias de la violencia infligida por la pareja son de gran alcance y tiene más probabilidades de causar lesiones físicas cuando el agresor ha consumido alcohol. Los efectos sobre la salud de la víctima consisten en agresiones físicas, problemas emocionales que conducen a que se presenten suicidios o ideas suicidas, depresión, así como consumo de alcohol o drogas como método de afrontamiento. Es por esto que, dado la influencia que tiene el consumo de alcohol en particular, en la expresión de la violencia de pareja, se propuso determinar la relación entre consumo de alcohol y violencia de pareja en jóvenes universitarios que acuden a una plaza pública de la ciudad de Saltillo Coahuila.
Metodología
Se realizó un estudio descriptivo correlacional (Polit y Beck, 2018), en 120 jóvenes universitarios entre los 18 y 26 años que acudieron a una plaza pública de la ciudad de Saltillo, Coahuila. La muestra fue de tipo censo y el muestreo fue de tipo no probabilístico, con selección por conveniencia. El estudio fue realizado durante una semana del mes de febrero de 2020, los criterios que se consideraron para seleccionar la muestra fueron estar en la plaza, no vivir en pareja, cursar la universidad, tener una relación de pareja mayor a dos meses de duración o bien de un periodo de término no mayor a tres meses, además de aceptar el consentimiento informado y no recibir una remuneración económica por su participación.
Para la obtención de los datos se elaboró una cédula de datos sociodemográficos que incluyó sexo, edad, condición de pareja, ocupación y carrera matriculada. Asimismo, se utilizó el test audit para medir el consumo de alcohol, el cual posee una alfa de Cronbach de 0.812 y mide la frecuencia y cantidad del consumo. Su punto de corte es de 8 puntos, cuanto más alta sea la puntación total, mayor será la sensibilidad para detectar personas con dependencia de alcohol. La interpretación de las puntuaciones es: 8 a 15, consumo de riesgo; 16 a 19, síntomas de dependencia; e igual o mayores a 20, consumo perjudicial.
En relación con lo anterior, la variable de violencia de pareja fue medida a través del instrumento cmn (cuestionario de maltrato en el noviazgo), el cual posee un alfa de Cronbach de 0.95 y mide la presencia, tipo y nivel de maltrato en una relación de pareja. El punto de corte es 5 puntos, cuanto más alta sea la puntuación, mayor será el índice de violencia en la relación de pareja. La interpretación de las puntuaciones es: hasta 5 puntos, relación que no presenta violencia; de 6 a 15 puntos, relación con primeras señales de violencia; 16 a 25 puntos, relación de abuso; 26 a 40 puntos, relación de abuso severo, y más de 41 puntos, relación violenta.
Para el procesamiento de los datos se utilizó el programa estadístico: Statistical Package for the Social Sciences (spss), versión 25 para Windows. Una vez que se culminó con la colecta de datos se procedió a la elaboración de la base de datos, se aplicó estadística descriptiva mediante la frecuencia de análisis de tendencia central y de dispersión, para describir las variables sociodemográficas. Posteriormente, se realizó un análisis de bondad o ajuste con la prueba de Kolmogorov-Smirnov, con el objetivo de observar la distribución de las variables para determinar el uso de estadística paramétrica o no paramétrica, y de acuerdo con el resultado se observó una curva sin distribución normal (p = .001). Por lo tanto, se utilizó el modelo de correlación de Spearman.
El presente estudio obtuvo aprobación del Comité de Ética en Investigación de la Facultad de Enfermería de la Universidad Autónoma de Coahuila, así como se apegó a lo dispuesto en la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud (Secretaría de Salud, 1987), en el título segundo de los aspectos éticos de la investigación en seres humanos, respetándose la dignidad, la protección de sus derechos, privacidad y bienestar.
Resultados
Por lo que se refiere a la confiabilidad de los instrumento,s se encontró que obtuvieron una fiabilidad alta, dado que el test audit obtuvo un Alpha de Cronbach de .869 y el instrumento cmn de .913 (ver tabla 1).
Tabla 1. Consistencia interna del test audit y cuestionario cmn
| Escala y subescalas | Reactivos | Número de Reactivos | Alpha de Cronbach |
| audit | 1-10 | 10 | .869 |
| cmn | 1-20 | 20 | .913 |
Nota: audit = Prueba de Identificación de Trastornos debidos al Consumo de Alcohol; cmn = Cuestionario de Maltrato en el Noviazgo; n = 120.
De acuerdo con las variables sociodemográficas, los sujetos de estudio mostraron una edad promedio de 21 años (M= 20.68, DE = 1.923), edades comprendidas entre los 18 y 26 años. Respecto al sexo, el 51.7% pertenece al femenino y el resto al masculino. Por lo que se refiere a la ocupación, el 59.2% solamente estudia y el resto combina sus estudios con algún tipo de trabajo. Con relación a la carrera estudiada, el 31.7% se encuentra matriculado en ciencias químicas; el 16.7% en derecho; el 8.3% en gestión empresarial; el 7.5%, en enfermería, y el resto, en algún tipo de ingeniería. Por otro lado, la condición de pareja mostró que el 75% tiene una relación de pareja estable y el resto mantiene una relación inestable. Por otra parte, con respecto al consumo de alcohol se encontró una prevalencia del 11.7% (f = 14 [femenino 8, masculino 6]). En cuanto al consumo perjudicial de alcohol, un 13.3% (f = 16 [femenino 10, masculino 6]) mostraron síntomas de dependencia, y un 32.5% (f = 39 [femenino 22, masculino 17]) un consumo de riesgo (ver tabla 2).
Tabla 2. Prevalencia de consumo de alcohol
| Prevalencias | ƒ | % |
| Sin consumo de riesgo | 51 | 42.5 |
| Consumo de riesgo de alcohol | 39 | 32.5 |
| Síntomas de dependencia | 16 | 13.3 |
| Consumo perjudicial de alcohol | 14 | 11.7 |
Nota: f = Frecuencia; n = 120.
En relación con la violencia en la pareja se pudo observar que un 27.5% (f = 33 [femenino 12, masculino 21]) refiere primeras señales de violencia; un 19.2% (f = 22 [femenino 12, masculino 11]) se encuentra en una relación de abuso; un 14.2% (f = 17 [femenino 15, masculino 2]) manifiesta un abuso severo, y un 11.7% (f = 15 [femenino 10, masculino 4]), una relación violenta (ver tabla 3).
Tabla 3. Prevalencia de violencia de pareja
| Prevalencias | ƒ | % |
| Sin violenci | 33 | 27.5 |
| Primeras señales de violenci | 33 | 27.5 |
| Relación de abus | 23 | 19.2 |
| Relación de abuso sever | 17 | 14.2 |
| Relación violent | 14 | 11.7 |
Nota: f = Frecuencia; n = 120.
Por lo que se refiere a la comparación de las variables por sexo, el consumo de alcohol no fue significativo (p = .103), en cambio, la violencia de pareja fue diferente significativamente (p = .001) (ver tabla 4).
Por otro lado, se puede observar en la tabla contigua (tabla 5) que el modelo de correlación de Spearman mostró una relación lineal y estadística significativa, moderada y proporcional, en el puntaje del consumo de alcohol y violencia de pareja (r = .554, p < .05).
Tabla 4. Descripción del consumo de alcohol y violencia de pareja por sexo
| Variables | x | DE | Hombre | Mujer | p | ||
| DE | DE | ||||||
| Consumo de alcohol | 10.24 | 7.281 | 9.03 | 6.712 | 11.37 | 7.657 | .103 |
| Violencia de pareja | 18.16 | 15.966 | 12.59 | 12.150 | 23.37 | 17.384 | .001 |
Nota: = x– Media; DE = Desviación Estándar; p = Significancia; n = 120.
En síntesis, los resultados obtenidos mostraron que la prevalencia de consumo de alcohol fue mayor en mujeres (34.16%), así como también el que son éstas quienes más sufren violencia por parte de su pareja (40.83%); situación que no exime a los hombres siendo quienes sufren las primeras señales de violencia (17.5%).
Tabla 5. Correlación de consumo de alcohol y violencia de pareja
| Variables | 1 | 2 |
| 1. Consumo de alcohol | 1.000 | .554** |
| 2. Violencia de pareja | .554** | 1.000 |
Nota: **La correlación es significativa en el nivel .001; n = 120.
Discusión
Del análisis de los resultados, es relevante resaltar que más de la mitad de la población estudiada ha consumido alcohol al menos una vez en la vida, además que el rango de edad se encuentra entre los 18 y 26 años, ubicándose entre la adolescencia y adulto joven, por lo que diversos autores coinciden en que entre estas edades existe una prevalencia mayor de inicio del consumo, así como también aquellos que se encuentran en una relación de pareja han reportado diversos tipos de agresión (inegi, 2017; Secretaria de Salud, 2016).
En relación con lo anterior, se puede afirmar que las que presentan mayor consumo de alcohol son las mujeres, lo que difiere de Redondo y Graña (2015), quienes mencionan que los hombres presentan mayor consumo de alcohol. En lo que se refiere a la violencia de pareja, en el presente estudio se encontró que las mujeres, en su mayoría, son quienes la padecen, lo cual se relaciona con Fernández, Unzueta y Rojas (2016), y Jaen, Rivera, Amorin y Rivera (2015), quienes mostraron que un gran porcentaje de mujeres han padecido episodios de violencia.
Por otra parte, se ha constatado en muchos países que el consumo de alcohol está ligado a la violencia infligida por la pareja. En este estudio se constata lo mismo, lo cual está relacionado con Arostegi, Laespada y Iraurgi (2016), Rey, González y Oliva (2016) y Jaen et al. (2015), quienes afirman que el alcohol y los espacios de ocio nocturno ejercen influencia en los jóvenes para ejercer violencia en su pareja. No obstante, Espinosa (2015), en su estudio para comparar las modalidades, características y severidad de la violencia de pareja que consumen alcohol, no obtuvo diferencias significativas.
Por otra parte, la relación entre consumo de alcohol y violencia de pareja hoy en día constituye un problema social, debido a que no sólo las mujeres sufren de violencia. Diversos autores como Redondo y Graña (2015), Manoella y Rodríguez (2017), mencionan que la prevalencia de violencia en los hombres va en aumento, lo que coincide con lo reportado por Sabina, Schally y Marciniec en 2017, quienes aseveran que la perpetración, la revelación limitada y el género influyeron de forma importante en las probabilidades de victimización grave. Los hombres universitarios eran significativamente más propensos a reportar victimización severa, victimización física y psicológica, que las mujeres universitarias.
Conclusiones
De acuerdo con los resultados obtenidos, se muestra que la mayoría de la población estudiada tiene problemas de consumo de alcohol, tanto de síntomas de dependencia como un consumo perjudicial para la salud. Con relación a lo anterior, el alcohol suele ser la combinación perfecta para exacerbar las conductas violentas desde psicológicas, físicas o sexuales.
Los sujetos de estudio mencionan haber experimentado al menos un episodio de violencia de pareja. Sin embargo, las mujeres son quienes se comportan de manera violenta al consumir alcohol, mientras que los hombres presentan las primeras señales de violencia. No obstante, cabe señalar que la mayoría de los jóvenes normalizan la violencia como parte del noviazgo.
En relación con lo anterior, el consumo de alcohol se asocia con un aumento de la violencia de pareja entre los estudiantes universitarios. No obstante, se necesitan más investigaciones basadas en muestras aleatorias. Las investigaciones futuras deberían examinar tipos específicos de drogas, emplear medidas de victimización y perpetración que se refieran al mismo periodo de tiempo, e incluir preguntas sobre si los individuos estaban bajo su influencia en el momento de la victimización o de la perpetración.
Sin embargo, conviene subrayar la importancia de incluir a los hombres en los estudios de victimización. En este estudio, se encontraron interesantes efectos de interacción por género que ponen en tela de juicio un enfoque único de la violencia de pareja. Esto se suma a la incipiente literatura sobre la victimización de los hombres, y refuerza el género como un constructo importante para tener en cuenta. Por último, a medida que se aborden los problemas de la violencia de pareja, las universidades deberían considerar cuidadosamente la posibilidad de prestar atención al consumo problemático de alcohol y drogas.
Finalmente, ser víctima de violencia es, por consiguiente, un factor de riesgo de diversas enfermedades y trastornos mentales (como la depresión), lo que supone un gran desafío para el país, así como un aumento en la tasa de mortalidad a consecuencia de, por ejemplo, una lesión grave provocada por el agresor, o bien lesiones autoinfligidas al haber intentos de suicidio. Por lo tanto, es imperante la necesidad de implementar acciones preventivas para reducir el consumo de alcohol, promoviendo campañas de concientización para tener estilos de vida saludables, así como apoyo psicológico a los jóvenes para la orientación y prevención de violencia evitando ser víctima y victimario.
Agradecimientos
A la Facultad de Enfermería “Dr. Santiago Valdés Galindo” de la Universidad Autónoma de Coahuila, por el apoyo recibido para la realización de este proyecto de investigación. A los sujetos del estudio por su tiempo y participación al responder los cuestionarios.
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