Capítulo 8. Alcohol, tabaco y exceso de peso en adultos jóvenes de Nuevo Laredo, Tamaulipas [Alcohol, Tobacco and Excess Weight in Young Adults of Nuevo Laredo, Tamaulipas]


Martha Dalila Méndez-Ruiz


María Rebeca Sosa-Briones


Karla Jacqueline González-Serrato


Monserrat Valdez-Salas


Miguel Ángel Villegas-Pantoja


Dimensions


Capítulo 8. Alcohol, tabaco y exceso de peso en adultos jóvenes de Nuevo Laredo, Tamaulipas
[Alcohol, Tobacco and Excess Weight in Young Adults of Nuevo Laredo, Tamaulipas]

Martha Dalila Méndez-Ruiz1
María Rebeca Sosa-Briones2
Karla Jacqueline González-Serrato3
Monserrat Valdez-Salas4
Miguel Ángel Villegas-Pantoja5

Resumen

Introducción: El uso del alcohol y tabaco son dos de los principales problemas de salud pública. Se estima que el alcohol cada año produce 3.3 millones de muertes a nivel mundial, mientras que el tabaco un 1.2 millones muertes a nivel mundial. Sin embargo, estas conductas no saludables a menudo coexisten con otros factores que contribuyen a una peor calidad de vida; en especial destaca el sobrepeso y obesidad. Un motivo de preocupación es el hecho de que tanto las adicciones como la ganancia elevada de peso son frecuentes entre los adultos jóvenes, quienes constituyen un segmento crucial en el desarrollo económico. Desafortunadamente no se cuentan con datos locales que brinden un panorama de la coexistencia de estas condiciones, por lo que se decidió realizar un estudio dirigido a describir el uso de alcohol, tabaco, sobrepeso y obesidad en adultos jóvenes.Materiales y Métodos: El estudio fue de corte transversal con diseño descriptivo. Se utilizó un muestreo no probabilístico donde los participantes fueron adultos de entre 18 y 30 años, invitados dentro de la matrícula de instituciones de educación superior públicas y privadas. El tamaño muestral fue de 89 participantes. Se utilizó una cédula sociodemográfica, el cuestionario audit, el test de Fagerström y la estimación del índice de masa corporal con la fórmula de Quetelet. Los datos se analizaron a través del paquete estadístico de estadística descriptiva e inferencial spss. Resultados: Se determinó que una gran proporción de participantes consumió alcohol (86.5%), seguido de tabaco (43.8%). Por otro lado, gran número de encuestados tuvo exceso de peso (70.8%) y sólo el 28.1% tuvo peso normal. Destacó que el 23.6% de los individuos con exceso de peso tuvieron un patrón de consumo perjudicial de alcohol; también, que el 52.6% de las personas con obesidad eran policonsumidoras, en comparación con quienes tuvieron peso normal (sólo el 28.0%). No hubo diferencias significativas en las proporciones de los niveles de peso de acuerdo al sexo ni al nivel de involucramiento con el alcohol o tabaco. Conclusiones: El uso de alcohol y tabaco, así como el exceso de peso son problemas altamente prevalentes y que coexisten entre los adultos jóvenes. El personal de enfermería debe dirigir acciones a evitar y disminuir conductas no saludables que perjudican el bienestar de los adultos jóvenes.

Palabras clave: decs, obesidad, sobrepeso, fumar cigarrillos, consumo de bebidas alcohólicas.

Introducción

Dada su elevada morbilidad y mortalidad asociada, el uso de sustancias adictivas legales (tales como el alcohol y el tabaco) se encuentra entre los principales retos que afrontan los sistemas sanitarios de todo el mundo. Sobre el alcohol, se estima que el 5.3% (tres millones) de las defunciones a nivel mundial son causadas por el uso nocivo de esta sustancia, y constituye uno de los factores causales de más de 200 enfermedades (Organización Mundial de la Salud [oms], 2018). Respecto al tabaco, se estima que cada año más de 8 millones de personas fallecen por causa de esta sustancia, de los cuales 7 millones de defunciones se deben al consumo directo y 1.2 millones son consecuencia de la exposición al humo de tabaco ajeno (oms, 2019a, 2019b).

Destaca, además, que el consumo de alcohol y tabaco son conductas con alta prevalencia entre los adultos jóvenes. Por ejemplo, se estima que la prevalencia de episodios de consumo excesivo de alcohol alcanza su punto máximo entre el segmento de los 20 y 24 años, mucho mayor que entre la población general. Además, el uso de alcohol explica siete de las ocho principales causas de muerte entre los adultos jóvenes del continente americano (violencia con armas, enfermedades isquémicas del corazón, infección por vih, accidentes de carretera, suicidios, accidentes con motocicletas, daños a peatones; Organización Panamericana de la Salud, 2020). En el caso de México, son los adultos de entre 18 y 34 años quienes registran el mayor porcentaje (44.6%) de consumo excesivo en el último año en comparación con grupos como los de los adolescentes (15.2%) y adultos (30.6%) (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la notas Muñiz [inprfm] et al., 2017a).

En el caso del tabaco, la situación no es más halagüeña. En el plano internacional, los adultos jóvenes tienen prevalencia elevada (22%) y no muy lejana de la del grupo con mayor consumo de tabaco (las personas de 45 a 54 años, con 28.8%; oms, 2019b). También, al segmentar por edad, se conoce que los adultos jóvenes mexicanos (18 a 29 años) registran las mayores prevalencias de fumadores actuales, y que comienzan a fumar diariamente a los 19.3 años (inprfm et al., 2017b). Como se aprecia en las anteriores estadísticas, los adultos jóvenes conforman uno de los segmentos más afectados por estas conductas no saludables. Sin embargo, destaca que el uso de sustancias a menudo coexiste y se relaciona con otras condiciones que afectan la salud, tales como el sobrepeso y la obesidad.

El aumento de peso por encima de los parámetros normales constituye otro problema altamente prevalente en México, mismo que puede conllevar un incremento de enfermedades crónicas, mortalidad prematura, altos costos sociales y de la salud, así como la reducción en la calidad de vida del ser humano (Barquera et al., 2020; Centros para el Control y Prevención de Enfermedades [cdc], 2020). Por ejemplo, se estima que el 44% de la carga de diabetes, el 23% de cardiopatías isquémicas y entre el 7% y el 14% de algunos cánceres son atribuibles a la obesidad, por el exceso de peso y acumulación de grasa corporal (Dávila-Torres et al., 2015; Torres y Rojas, 2018). Ahora bien, a nivel nacional (Instituto Nacional de Salud Pública [insp], 2021) se estima que las prevalencias de sobrepeso y obesidad entre los individuos de 20 a 29 años son elevadas y con tendencia al incremento. Por ejemplo, entre los varones, el 34.1% y 25.5% padecen de sobrepeso y obesidad, respectivamente; en las mujeres las cifras se ubican en 30.9% para el sobrepeso y 28.1% para la obesidad. Además, a nivel estatal habrían algunas regiones con prevalencias más elevadas. Tamaulipas, un estado fronterizo con los Estados Unidos de América, ocupa la séptima posición en adolescentes y la onceava en adultos en cuanto a obesidad, donde Nuevo Laredo se considera el municipio que registra mayor prevalencia (cerca del 60% de la población), lo que refleja la elevada presencia de este problema (Hernández, 2014; Secretaría de Salud, 2019).

Para el personal de enfermería resulta de particular interés enfocarse en los adultos jóvenes, ya que su vulnerabilidad hacia el abuso de sustancias legales, además de la presencia de conductas no saludables (como los horarios cambiantes en su alimentación, la preferencia por la comida rápida y, en especial, el frecuente consumo excesivo de alcohol) (Durán et al., 2017; Maldonado-Gómez et al., 2017), podrían propiciar un círculo vicioso de ganancia de peso con el potencial de deteriorar la salud del individuo. Al respecto, se sabe que el uso excesivo de alcohol contribuye a la ganancia de peso por las calorías que aporta (Fernández-Quiroga et al., 2018), mientras que el uso de tabaco y la obesidad podrían relacionarse de diferente manera y con menor claridad. Por ejemplo, entre un 35 a 65% de las personas que fuman y buscan tratamiento para dejar de fumar, padecen de obesidad y sobrepeso; de hecho, el 80% de los fumadores gana entre 3.6 kg y 7.3 kg después de dejar de consumir tabaco, lo cual se asocia con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (Escaffi et al., 2017; Sánchez-Hernández y Pillon, 2011), mismas que empeoran la salud del individuo si éste tiene sobrepeso u obesidad.

Lo anteriormente planteado precisa mayor estudio en la población de adultos jóvenes, particularmente a nivel local, donde escasean los estudios recientes que brinden datos sobre la coexistencia del uso de sustancias legales con el sobrepeso y la obesidad. De esta manera, se considera importante aportar información que funcione como precedente para dirigir estrategias enfocadas a este segmento vulnerable. En particular, debido a que se considera que los adultos jóvenes aún cursan un periodo de educación crítico para el desarrollo de estilos de vida saludable, la prevención de enfermedades crónicas y las adicciones constituye una prioridad sanitaria con el objetivo de prevenir años de vida saludable perdidos. Por lo anteriormente descrito, se decidió realizar un estudio que responda al siguiente objetivo: Describir el uso de alcohol, tabaco, sobrepeso y obesidad en adultos jóvenes (18 a 30 años) de Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Metodología

Población, muestreo y muestra de estudio

El estudio fue de corte transversal con diseño descriptivo. La población se conformó por individuos adultos jóvenes (edades entre 18 y 30 años), procedentes de instituciones públicas y privadas de educación superior de Nuevo Laredo, Tamaulipas. El muestreo fue no probabilístico, donde se utilizaron las técnicas de muestreo por conveniencia y por bola de nieve. Se optó por reclutar a los participantes a través de redes sociales (Facebook, Messenger y Whatsapp). Como criterio de eliminación, se excluyeron mujeres embarazadas (vale la pena destacar que no se presentó ningún caso). El tamaño de la muestra final fue de 89 participantes.

Instrumentos y mediciones

Se utilizó una ficha de identificación de datos sociodemográficos, la cual recaba información de las características del individuo a través de preguntas breves relacionadas con el sexo, carrera y semestre, edad y estado civil. Asimismo, un segundo apartado recolectó información sobre las mediciones antropométricas (peso y talla).

El segundo instrumento que se utilizó fue el Cuestionario para la Identificación de Trastornos Debidos al Consumo de Alcohol (audit, por sus siglas en inglés), el cual fue desarrollado por la oms en 1982. La adaptación al español de este instrumento (De la notas y Kershenobich, 1992) cuenta con 10 ítems pertenecientes a tres dominios: los ítems 1 a 3 corresponden al Consumo riesgoso de alcohol; los ítems 4 al 6 pertenecen al dominio Síntomas de dependencia al alcohol, y los ítems 7 al 10 corresponden al Consumo perjudicial de alcohol. Se consideró a la puntuación menor a 8 puntos como indicador de consumo riesgoso de alcohol; de 8 puntos o más, como indicador de un consumo perjudicial de alcohol; asimismo, puntuación mayor a 20 sugiere una evaluación diagnóstica más extensiva sobre posible la dependencia de alcohol. En el caso del presente estudio, este test mostró un coeficiente alfa de Cronbach de 0.77, lo cual se considera aceptable.

El tercer cuestionario fue el test de Fagerström, dirigido a evaluar la dependencia a la nicotina, y sirve para medir el grado de adicción al consumo de esta sustancia. Este test fue creado originalmente en 1978 por Fagerström, quien posteriormente realizó otra versión en 1991 que muestra una mejor validez y consistencia interna de 0.86. Consiste en un breve cuestionario de respuestas múltiples que evalúan distintos aspectos en cuanto al comportamiento de la persona fumadora. Las respuestas se encuentran asociadas con una puntuación, por lo que de la suma de dichas puntuaciones se extrae el resultado. Este muestra el grado de dependencia física que presenta la persona en evaluación hacia la nicotina, es decir, el grado de adicción al consumo de tabaco. La dependencia a la nicotina se estima como: Muy baja cuando se encuentra puntuación de 0 a 1; Baja, de 2 a 3 puntos; Moderada, de 4 a 5; Alta, de 6 a 7 puntos, y Muy alta, de 8 a 10 puntos. Dadas las limitaciones del tamaño muestral, no se calculó la confiabilidad de este instrumento (idealmente bajo un análisis factorial y el coeficiente Omega). No obstante, en la literatura se ha encontrado que es un instrumento confiable en la población mexicana (Moreno-Coutiño y Villalobos-Gallegos, 2017).

Finalmente, para el cálculo del índice de masa corporal se recurrió a las mediciones de peso (en kilogramos) y talla (en centímetros) incorporadas a la fórmula de Quetelet. La fórmula es la siguiente: imc = peso/estatura.2El resultado es un índice de kg/m2 con los siguientes puntos de corte: Una persona con un imc menor a 18.5kg/m2 se considera que tiene bajo peso; entre 18.5 y 24.99kg/m2 tiene un peso normal; persona con índice igual o superior a 25kg/m2 es considerada con sobrepeso, y a partir de un imc igual o superior a 30kg/m2 es considerada con obesidad (oms, 2021).

Procedimientos de recolección de datos

Una vez obtenida la autorización del estudio por la Facultad de Enfermería de Nuevo Laredo, se invitó a los participantes mediante redes sociales (Facebook y Whatsapp), donde se les explicó de forma clara y precisa el propósito y objetivos de la investigación. Se proporcionó un enlace que incluyó el “Consentimiento informado”, y se les pidió que, en caso de que quisieran participar, lo marcaran y presionaran en “siguiente”, para de esta forma confirmar su participación voluntaria. Se enfatizó en que sería un estudio anónimo sin ningún tipo de repercusión académica o de otra índole. De igual manera se indicó que la información que proporcionaron sería confidencial, ya que los únicos que sabrían de su participación serían los investigadores principales y ellos mismos. Además, los instrumentos no llevaron nombre ni dirección o información identitaria.

En primer lugar se recolectaron los datos sociodemográficos, continuando con los datos antropométricos, seguido por la Prueba de Identificación de Trastornos al Consumo de Alcohol y por último el test de dependencia a la nicotina. Cabe señalar que, si el participante llegaba a sentirse incómodo por las preguntas, podía abandonar la encuesta. Al finalizar la encuesta se les agradeció a los participantes por su colaboración en el estudio y se dio por terminada su participación.

Consideraciones éticas

Este estudio se apegó al Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud, vigente en México. Con base en lo dispuesto en este reglamento, esta investigación se apegó al respeto de la dignidad del participante, así como a sus derechos y bienestar (como se menciona en el Artículo 13). También se utilizó el consentimiento informado del participante (Artículo 14), primó el anonimato y confidencialidad de la información (artículos 16, 20, 21 y 22).

Análisis de datos

El análisis de los datos se realizó a través del paquete estadístico Statistical Package for the Social Sciences (spss) v.23 para Windows. Se utilizó estadística descriptiva (frecuencias, porcentajes, medidas de tendencia central y de dispersión) e inferencial (prueba chi cuadrada χ2 con la corrección de Yates) para responder el objetivo del estudio. Para conocer la confiabilidad del instrumento audit, se utilizó el coeficiente alfa de Cronbach (a).

Resultados

La mayor parte de los participantes fue de sexo femenino (76.4%). De acuerdo a la tabla 1, la muestra de estudio tenía en promedio 22.43 años de edad (DE = 2.76), pesaban 76.50 kilogramos (DE = 19.13) y tenían estatura de 1.62 metros (DE = 0.107). En promedio, los participantes tenían un IMC de 28.36 kg/m2 (DE = 6.57), ubicado en sobrepeso. En relación a las puntuaciones de los instrumentos para estimar la dependencia del alcohol y el tabaco, el promedio de puntuación del audit (M = 5.87, DE = 5.32) se consideró como consumo riesgoso de alcohol, lo cual sugiere que aún no se presentan problemas serios con el consumo de alcohol. En el caso del uso de tabaco, el puntaje (M = 0.52, DE = 1.09) sugirió una dependencia muy baja a la nicotina.

En la tabla 2 se muestra el consumo de algunos alimentos no saludables. Destaca el gran número de personas que consumen bebidas azucaradas (66.3%). En contraparte, una importante mayoría señala no consumir alimentos enlatados (86.7%). Casi la mitad de la muestra consume botanas con regularidad. Por otra parte, se documentó que una alta proporción de participantes afirma tener falta de movimiento o ejercicio semanal (64.0%).

Tabla 1. Datos descriptivos de las variables continuas

Variables M Mdn DE Min Máx
Edad en años 22.43 22.00 2.76 17.00 33.00
Estatura en metros 1.62 1.620 0.10 1.30 1.94
Peso en kilogramos 76.50 74.00 19.13 44.00 134.00
Suma del test audit 5.87 5.00 5.33 0.00 23.00
Suma del test de Fagerström 0.49 0.00 1.03 0.00 06.00
Índice de masa corporal 28.62 27.77 5.85 0.00 47.34

Nota. M = Media; Mdn = Mediana; DE = Desviación estándar; Min = valor mínimo; Máx = valor máximo; audit = Test de Identificación de Desórdenes Debidos al Uso de Alcohol.

Tabla 2. Consumo en exceso de algunos alimentos no saludables

Alimentos consumidos de 2 a 3 veces por semana ƒ %
Alimentos enlatados 11 12.2
Alimentos con elevadas grasas saturadas (alimentos fritos, capeados y empanizados) 30 33.3
Botanas (como papas fritas, palomitas o tostadas) 44 48.9
Bebidas y productos altamente azucarados 59 66.3

Nota. ƒ = Frecuencias; % = Porcentajes.

En la tabla 3 se muestra la prevalencia actual (último mes) de consumo de alcohol y tabaco. Destacó que más participantes consumen alcohol (86.5%) que tabaco (43.8%), y que el 41.6% de la muestra consume ambas sustancias. Al segmentar por sexo, una mayor proporción de hombres consume alcohol (90.5%) y tabaco (52.4%), en comparación con las mujeres (alcohol = 85.3%, tabaco = 41.2%), aunque sin alcanzar diferencias estadísticamente significativas (χ2 = 0.818, p = .366). Se estimó que más hombres eran policonsumidores (en este caso, de alcohol y tabaco, 47.6%), en comparación con las mujeres (39.7%).

Tabla 3. Prevalencia actual de consumo de alcohol y tabaco

Prevalencia Muestra total Femenino Masculino
ƒ % ƒ % ƒ %
Alcoholª 77 86.5 58 85.3 19 90.5
Tabacoª 39 43.8 28 41.2 11 52.4
Alcohol y tabacoa 37 41.6 27 39.7 10 47.6

Fuente. Las columnas no suman 100%. ƒ = Frecuencias; % = Porcentajes.

ª Refleja los participantes que respondieron “Sí” al consumo de la sustancia en el último mes.

En cuanto a las frecuencias de obesidad y sobrepeso, primeramente en la muestra general (ver tabla 4), se observaron altas prevalencias de exceso de peso, pues solamente el 28.1% de los participantes se ubicaron en un peso normal. Al segmentar por sexo, permaneció la tendencia anterior, donde la mayoría de los participantes tienen alguna forma de exceso de peso. Sin embargo, el grupo masculino es quien encabeza los resultados, ya que el 81.0% cumplió los criterios de sobrepeso u obesidad, en comparación con el 67.6% de las mujeres. Destaca que las proporciones de las categorías del peso no tuvieron diferencias significativas al compararse entre ambos sexos (χ2= 4.284, p = 0.232).

Tabla 4. Categorías de peso en la muestra total y de acuerdo al sexo

Nivel de peso Totala Femenino Masculino
ƒ %b ƒ %b ƒ %b
Bajo peso 1 1.1 1 1.5
Peso normal 25 28.1 21 30.9 4 19.0
Sobrepeso 25 28.1 21 30.9 4 19.0
Obesidad 38 42.7 25 36.7 13 62.0

Fuente. ƒ = Frecuencias; % = Porcentajes.

a n = 89. b La sumatoria de la columna suma 100%.

Ahora bien, al analizar las proporciones de las categorías de peso, se encontró que no difirieron en función de los niveles de la implicación con el alcohol (χ2= 11.047, p = .187). Sin embargo, nótese que el 23.6% (ƒ = 21) de los participantes con exceso de peso (sobrepeso u obesidad) tenían un patrón de consumo perjudicial de alcohol (ver tabla 5). En el caso del consumo de tabaco tampoco hubo diferencias significativas (χ2= 9.533, p = .657). Aunque adicionalmente, en esta sustancia cabe destacar los pocos casos de participantes con mayores niveles de dependencia (el 4.49% tuvo dependencia moderada o alta a la nicotina). Sin embargo, de forma general, el 35.95% (ƒ = 32) de quienes han fumado en el último mes tuvieron sobrepeso u obesidad.

Tabla 5. Nivel de peso en función del patrón de implicación con el alcohol y de la dependencia al tabaco

Nivel de implicación con la sustancia Bajo peso Peso normal Sobrepeso Obesidad
ƒ %a ƒ %a ƒ %a ƒ %a
Alcohol
No consumidor 1 100.0 2 8.0 5 20.0 4 10.5
Consumo riesgoso - - 17 68.0 10 40.0 23 60.5
Consumo perjudicial - - 6 24.0 10 40.0 11 29.0
Tabaco
No fumador 1 100.0 18 72.0 14 56.0 17 44.8
Dependencia muy baja - - 5 20.0 8 32.0 19 50.0
Dependencia baja - - 1 4.0 1 4.0 1 2.6
Dependencia moderada - - 1 4.0 1 4.0 1 2.6
Dependencia alta - - 1 4.0

Fuente. n = 89; ƒ = Frecuencias; % = Porcentajes.

a La sumatoria de la columna suma 100%.

Por otro lado, en la tabla 6 se muestra que, al comparar las categorías de peso de acuerdo al número de sustancias consumidas, no hubo diferencias significativas (χ2= 14.896, p = .094). Aunque vale la pena mencionar que se distinguió una tendencia hacia la significancia, en virtud de que el 52.6% de las personas con obesidad eran policonsumidoras; en comparación con aquellas que tenían peso normal, en quienes sólo el 28.0% consumían ambas sustancias. En lo general, se subraya que en un tercio de la muestra (33.70%, ƒ = 30) hubo comorbilidad entre el consumo de alcohol y tabaco, en conjunto con alguna forma de exceso de peso (sobrepeso u obesidad). Dicho porcentaje es casi el doble si se toman en consideración los casos de individuos que consumen al menos una sustancia legal (alcohol o tabaco), en combinación con padecer sobrepeso u obesidad (62.92%, ƒ = 56).

Tabla 6. Nivel de peso en función del número de sustancias adictivas consumidas en el último mes

Número de sustancias consumidas Bajo peso Peso normal Sobrepeso Obesidad
ƒ %a ƒ %a ƒ %a ƒ %a
Ninguna sustancia 1 100.0 2 8.0 4 16.0 3 7.9
Consumió una sustancia (alcohol o tabaco) - - 16 64.0 11 44.0 15 39.5
Consumió alcohol y tabaco - - 7 28.0 10 40.0 20 52.6

Fuente. n = 89; ƒ = Frecuencias; % = Porcentajes.

a La sumatoria de la columna suma 100%.

Discusión

En esta investigación se pone de manifiesto que muchos de los adultos jóvenes del estudio ingirieron sustancias legales en el último mes, principalmente, el alcohol (el 86.5%) y luego el tabaco (43.8%). El patrón anterior coincide con las encuestas nacionales gubernamentales (inprfm et al., 2017a), en cuanto a que el alcohol es más consumido que el tabaco, pero las prevalencias del presente estudio son más elevadas. Por ejemplo, una investigación realizada por González et al. (2018) en Campeche, México, reveló que el 55.6% de los adultos jóvenes consumían alcohol y en menor proporción tabaco (16.7%); las prevalencias fueron notoriamente menores. Una explicación subyace a una posible baja percepción de riesgo, dado que se ha encontrado que se asocia con un mayor consumo de sustancias legales (González et al., 2019). Asimismo, la presión de pares podría tener un papel importante (Guzmán et al., 2019), sobre todo, durante una etapa de desarrollo caracterizada por la búsqueda de mayor libertad. En todo caso, ambos factores (la percepción de riesgo y la presión de pares) constituyen áreas de oportunidad para la prevención por parte del personal sanitario, ya que son susceptibles de ser modificados (Ajzen y Dasgupta, 2015).

Por otra parte, también se detectó que, en general, en ambos sexos hay problemas de exceso de peso (solamente el 28.1% de la muestra tenía un peso normal). Esto de alguna manera coincide con los reportes de los alimentos que ingieren, sin embargo, las prevalencias de sobrepeso (28.1%) y obesidad (42.7%) son muy superiores a las reportadas en otros estudios. Por ejemplo, Gómez-Landeros et al. (2017), en una investigación encontraron que el 26.02% y 10.36% de una población de universitarios de la Ciudad de México tuvieron sobrepeso y obesidad, respectivamente. O, también, Maldonado-Gómez et al. (2017) en Chilpancingo, México, determinaron que el 29.4%% de sus participantes tenían sobrepeso y el 12.3% obesidad. Posiblemente, las elevadas prevalencias estén relacionadas con aspectos de la cultura local (como el tipo de alimentación y la actividad física), pues en encuestas nacionales se ha señalado que la frontera norte de México (área a la cual pertenece la muestra de este estudio) registra la tercer mayor prevalencia de obesidad a nivel nacional, junto con otras áreas norteñas, como el Pacífico-Norte (insp, 2021).

Ahora bien, resulta preocupante el hecho de que en un tercio de la muestra coincidió el consumo de alcohol y tabaco con alguna forma de exceso de peso; situación que aumenta de mayor magnitud si se considera el uso de al menos una sustancia, en combinación con el sobrepeso u obesidad (62.92%). Coincidente con estos resultados, en estudios realizados en otros países (Petry et al., 2008) se ha señalado que las personas con sobrepeso y obesidad registran mayores niveles de consumo de alcohol. En dicha investigación, realizada en Estados Unidos, la estimación señalaba que 33.01% de los adultos obesos presentaba algún trastorno por uso de alcohol (al menos alguna vez en la vida); dato muy cercano al encontrado en el presente estudio (33.70%, si se considera aquellos con patrón de consumo perjudicial de alcohol). Una posible explicación estriba en que el alcohol inhibe la oxidación de las grasas, por lo que evita que sean aprovechadas como energía, con la consiguiente conformación de más grasa (Yeomans et al., 2003). A mayores niveles, el alcohol provoca inflamación del tejido adiposo, de forma similar a como ocurre con la obesidad, y lo mas preocupante es que, si coexiste el abuso de las bebidas alcohólicas y la obesidad, aumentan los riesgos de otros problemas como la diabetes tipo 2 y las enfermedades del hígado (Parker et al., 2017).

En lo que respecta al tabaco, no se encontró algún patrón particular entre el involucramiento con el tabaco y el exceso de peso. Esto va de la mano con investigaciones que apuntan a que el exceso de peso, más bien, se presenta en casos donde hay abstinencia a la nicotina (usual en pacientes con elevada dependencia a esta sustancia) (Bush et al., 2016). En este sentido, los resultados coinciden con lo anteriormente mencionado, dado que se trató de una muestra con bajos niveles de dependencia a la nicotina. No obstante, cabe señalar que más de un tercio de la muestra (el 35.95%) fueran adultos que fumaban y que tenían exceso de peso. Lo anterior es relevante dado que, por sí solos, el exceso de peso y el uso de tabaco explican algunas de las principales causas de mortalidad (cdc, 2020; Soto-Estrada et al., 2016), tales como las enfermedades cardiacas, la diabetes tipo 2, enfermedades del hígado y las enfermedades cerebrovasculares. Los resultados exhortan a que el personal de enfermería considere a la población de adultos jóvenes como un segmento vulnerable ante estas condiciones, y se fomenten acciones dirigidas a la prevención y disminución tanto de las adicciones como del exceso de peso, ambos problemas en constante aumento (oms, 2019a, 2019b, 2020).

Además, resulta importante crear conciencia sobre los riesgos de la comorbilidad de las adicciones y el exceso de peso, situaciones que podrían ser infravaloradas y que posiblemente comparten un mismo sustrato etiológico a nivel neurobiológico. Al respecto, algunos estudios sugieren que tanto las sustancias legales como los alimentos ofrecen efectos de refuerzo en el centro de la recompensa. Esto conllevaría la afectación de los circuitos dopaminérgicos que regulan no sólo la motivación sino también aspectos como el autocontrol (Volkow et al., 2013). No obstante, esta área de la investigación aún se encuentra en desarrollo (Ivezaj et al., 2017) y probablemente continúen presentándose hallazgos que clarifiquen sus vínculos.

Cabe señalar que el presente estudio no está exento de limitaciones, mismas que se ponen en consideración para la interpretación de los resultados. Por un lado, dado el diseño transversal de la investigación, no es posible identificar algún orden causal entre las adicciones (uso de alcohol y tabaco) y el exceso de peso (sobrepeso u obesidad), por lo que la coincidencia de ambas condiciones solamente se enfatiza como un factor de riesgo para la salud del individuo, y por tanto, las conjeturas sobre su orden causal dependen de diseños de estudio determinados para ese fin. También es importante mencionar que el tamaño muestral (la elección de un muestreo no probabilístico) limita la generalización de los hallazgos. Finalmente, el empleo de instrumentos de autoreporte también pueden conllevar sesgos, pues las respuestas de los participantes pueden ser influenciadas por el contexto o factores individuales (estado del ánimo y la naturaleza de la temática, por ejemplo).

No obstante, aunque tentativos, se considera que los resultados dejan entrever problemas que demandan mayores estudios por parte del personal sanitario y de enfermería, con la intención de que, en el afán de su mejor comprensión, propongan estrategias que beneficien a la sociedad. En este sentido, se considera que la cercanía del personal de enfermería con la comunidad, así como su amplia distribución en los diferentes niveles de atención pueden ser factores importantes que contribuyan a ejercer liderazgo, en cuanto a la mejora del estado de salud de los adultos jóvenes y demás segmentos vulnerables.

Conclusiones

El uso de alcohol y tabaco, así como el exceso de peso (representado por el sobrepeso y obesidad) son condiciones altamente prevalentes (por sí solas y en combinación), entre los adultos jóvenes de Nuevo Laredo, Tamaulipas. En vista de los diversos daños a la salud que se asocian a dichas condiciones, es prioritario que el personal de enfermería y las ciencias de la salud, en general, dirijan acciones preventivas contra ambas conductas no saludables en este segmento de la población, en especial si se considera que se trata de un segmento de edad en vías de su incorporación al mercado laboral y, por lo tanto, con grandes riesgos de perder años de vida saludable. En este sentido, se dilucida la importancia de educar y crear conciencia entre la población sobre el papel que desempeña el uso de sustancias legales y la ganancia excesiva de peso en la salud futura de la población.

Bibliografía

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